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La importancia de entender nuestros hábitos

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Muchos de nosotros creemos que la mayoría de las decisiones que tomamos a diario son producto de un proceso de reflexión racional y estructurado. Sin embargo no es así. Dependen absolutamente de nuestros hábitos.

Según Charles Duhigg, autor del Poder de los hábitos, cada uno de nuestros hábitos no tienen mucha relevancia en sí mismos. Ya que con el tiempo, la forma en la que hablamos, lo que hacemos, si somos ahorradores o no, lo que le decimos a nuestros hijos y colaboradores, la frecuencia con la que nos ejercitamos y hasta el modo de estructurar nuesta mente, impactan en nuestra salud, productividad, finanzas personales y empresariales, crecimiento profesional y felicidad.

Los hábitos son silenciosos, y se vuelven parte fundamental de nuestro ser. A tal punto, que es muy complicado librarse de ellos.

Para poder entender los patrones fundamentales de los hábitos, necesitamos recurrir a la sicología y la neurología. Aquí les compartimos los conceptos más importantes alrededor de los hábitos:


¿Qué es un hábito?

Científicamente los hábitos son las herramientas que utiliza nuestro cerebro para ahorrar energía. Ya que el establecer una rutina automatizada le permite esforzarse menos. Este «casi instinto» es una gran ventaja para nosotros. Porque nos permite tener una mente eficiente. En vez de esforzarnos en cuestiones básicas y de poco impacto, nos enfocamos en las complejas y relevantes para nuestra vida.


¿Cómo se forma un hábito?

Un hábito empieza siendo un bluce de tres pasos:

Paso 01: La señal

Es el trigger o detonante que informa a nuestro cerebro que es momento de encender el piloto automático y seleccionar qué hábito usar.

Paso 02: La rutina

Es el hábito en sí, la receta o protocolo a seguir. Pudiendo ser mental, física o emocional.

Paso 03: La recompensa

Es lo que ayuda a nuestro cerebro a decidir si vale la pena o no repetir este bucle en el futuro.

A medida que este bucle se siga repitiendo, o sea, que nuestro cerebro identifique que la recompensa es lo suficiente valiosa para repetirlo, se acabará formando un hábito. Y es aquí cuando el cerebro deja de participar plenamente en la toma de decisiones y usa las usa como herramientas de eficiencia.
Entender este bucle de tres pasos te ayudará a ser consciente de tus hábitos y poder gestionarlos de mejor manera.

¿Cómo interpreta nuestro cerebro los hábitos?

  1. «Los hábitos nunca llegan a desaparacer de nuestro cerebro», nos indica Ann Graybiel, investigadora del MIT. Esto quiere decir que quedan grabados en nuestro cerebro. De aquí es donde viene el dicho: «Es como manejar bicileta», o sea que nunca se olvida.
  2. No difiere entre hábitos dañinos o beneficiosos. Solo espera la señal y la recompensa. Es por ello que nos cuesta mucho reemplazar hábitos alimenticios dañinos por hábitos saludables.

¿Cómo cambiar mis hábitos?

Como los hábitos no se olvidan, según lo que revisamos en los puntos anteriores, lo que debes hacer es reemplazarlos. Crea nuevos bucles y preocúpate de que las recompensas de estos sean igual o más valiosas que la de los anteriores. Así nuestro cerebro los dejará en segundo plano.

Entonces los hábitos no se cambian sino se reemplazan.

Y para reemplazarlos existe una forma muy efectiva que se le denominada La regla de oro. Y estos son los pasos:

  1. Identificar el bucle de ese hábito: señal o desencadenante, receta o protocolo, y por último, la recompensa que se genera.
  2. Crea un nuevo buble con la misma señal y recompensa.
  3. Solo cambia la receta o protocolo.

Ta daré un ejemplo con mi propia experiencia cambiando un hábito que quería cambiar:

Hábito inicialHábito final
La señal:
Empezar una tarea que necesite mi enfoque total. Como escribir un artículo o diseñar un reporte.
La señal (no hice ningún cambio):
Empezar una tarea que necesite mi enfoque total.
La rutina:
Morderme demasiado las uñas y los partes alrededor de ellas.
La nueva rutina:
Me compré un cubito de 3cmx3cm que tiene muchos accesorios para manipular. Ahora lo uso en vez de morderme las uñas.
La recompensa:
Sentirme más tranquilo y avanzar más rápido.
La recompensa (tampoco hice cambios):
Sentirme más tranquilo, avanzar más rápido y no maltratarme.
Como puedes observar solo hice un cambio en la rutina del bucle del hábito y ahora ya he dejado de lastimarme cuando trabajo en una tarea que necesita mi enfoque total.

En conclusión

Nuestro cerebro siempre va a optar por ahorrar energía usando los hábitos para ello. Y como no tiene la facultad de olvidarlos ni de discernir si son nocivos o saludables, lo que tenemos que hacer para dar el primer paso para gestionarlos es ser conscientes del bucle que los ha generado (señal, rutina y recompensa).

No podemos cambiar nuestros hábitos, sino simplemente reemplazarlos por otros más saludables y alineados con nuestros objetivos. Para conseguirlo lo primero que debes hacer es identificar el bucle del hábito y crear un nuevo bucle con la misma señal y recompensa. Con esto, al solo cambiar la rutina y repetirla varias veces, incorporaremos un nuevo hábito en nuestras vidas.

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